jueves, 17 de marzo de 2011

Dublín. Mis primeras impresiones.

Llegue a Dublín el pasado domingo 13 de marzo de 2011. Eran las diez de la noche y me fue a recibir al aeropuerto una señora mayor, de pelo cano aunque de aspecto juvenil. No paró de hablar en todo momento y no importaba si la entendía o no porque no necesitaba, al parecer, ningún interlocutor. Me condujo en su coche a Auburnhouse, el lugar donde me alojaré durante cuatro semanas que dura mi estancia en la capital de Irlanda.

A llegar a la casa tardamos en conseguir abrir la puerta (tenía menos pericia con la llave que con su capacidad comunicativa) pero finalmente entramos y me llevé una mala impresión inicial de la casa. Después supe que hubo una fiesta y era la razón por la que todo estaba patas arriba. La cocina era grande y bien acondicionada, tenía un patio y el salón, aunque no era muy grande, parecía acogedor.

Después, subiendo las escaleras hacia el primer piso, me enseñó mi habitación, la número 7. Era una de las 8 ocho o nueve habitaciones que tiene esta casa compartida. La habitación es sencilla pero bonita, el suelo es de parquet y parece bastante nuevo, tiene un gran radiador junto a la cama y posee su propio cuarto de baño con ducha. Dispone de un gran armario y de una hermosa ventana que da a las trasera de la casa. Se divisa desde ella los jardines de las casas vecinas.

Organicé las cosas en el armario y me fui pronto a la cama después de hablar por teléfono con Ángela para decirle que todo había ido bien.

1 comentario:

  1. Hola papá,
    he visto el apartamento y me entran unos celos grandísimos. Ya he recogido mis gafas nuevas y, además, un libro también nuevo. Me he leído muchas páginas y creo que pronto lo acabaré.
    Un beso de tu hijo,
    Vicente.
    P.D.: si aprendes demasiado inglés me puedes enseñar un poco.

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